La medida de una magnitud física supone, en último extremo,
la comparación del objeto que encarna dicha propiedad con otro de la misma naturaleza que
se toma como referencia y que constituye el patrón.
La medida de longitudes se efectuaba en la antigüedad empleando una
vara como patrón, es decir, determinando cuántas veces la longitud del objeto a medir
contenía a la de patrón. La vara, como predecesora del metro de sastre, ha pasado a la
historia como una unidad de medida equivalente a 835,9 mm. Este tipo de comparación
inmediata de objetos corresponde a las llamadas
medidas directas.
Con frecuencia, la comparación se efectúa entre atributos que,
aun cuando están relacionados con lo que se desea medir, son de diferente naturaleza. Tal
es el caso de las medidas térmicas, en las que comparando longitudes sobre la escala
graduada de un termómetro se determinan temperaturas. Esta otra clase de medidas se
denominan
indirectas.
Entre las distintas propiedades medibles puede establecerse una
clasificación básica. Un grupo importante de ellas quedan perfectamente determinadas
cuando se expresa su cantidad mediante un número seguido de la unidad correspondiente.
Este tipo de magnitudes reciben el nombre de
magnitudes escalares. La longitud, el
volumen, la masa, la temperatura, la energía, son sólo algunos ejemplos.
Sin embargo, existen otras que precisan para su total definición que
se especifique, además de los elementos anteriores, una dirección o una recta de acción
y un sentido: son las llamadas
magnitudes vectoriales o dirigidas. La fuerza es un
ejemplo claro de magnitud vectorial, pues sus efectos al actuar sobre un cuerpo
dependerán no sólo de su cantidad, sino también de la línea a lo largo de la cual se
ejerza su acción.